miércoles, 25 de diciembre de 2013

Mi reflexión de hoy

Estos días he llegado a la conclusión de que tengo una vida cómoda y fácil.

Una vida lejos de los grandes problemas que muchos han de combatir. 

Una vida en la que puedo dedicarme a lo que más me gusta, y luego dedicar el tiempo que me sobra a cosas que me gustan más todavía.

Una vida en la que hay gente que se preocupa por mí, en la que tengo grandes apoyos. Tantos apoyos que lo lejos que pueda llegar se queda sólo limitado por mis capacidades y mi suerte. Sin más factores externos, de los que condicionan, de los que te obligan a ir por un camino u otro, para convertirse en odiosos "y si..." cuando todo ha pasado.

Una vida, en la que he cometido grandes errores, y muchas veces las cosas me han salido mal. Pero eso sólo se ha traducido en lecciones que he podido aprender. Porque no he llegado a pasarlo del todo mal, ni a sufrir de verdad, aunque en ciertos momentos pensara que sí.



Eso es lo que he estado pensando estos días. No lo escribo aquí para chulearme, ni para dar celos a nadie. Lo escribo aquí para recordarlo, y dejar claro lo consciente que soy de la situación. Valoro mucho lo afortunado que soy. Además de eso, y más importante que ninguna otra cosa, también lo hago para agradecérselo a todos los que hacen que esto sea posible. No importa si su aportación es pequeña o grande, se lo merece de todas formas. En una fecha tan marcada en el calendario y tan llena de felicitaciones, he pensado que lo más necesario era un agradecimiento.

Un saludo a todos los lectores y gracias, de corazón.

martes, 3 de diciembre de 2013

El esfuerzo y el trabajo en las artes marciales

Un día te atreves a probar. Vas hasta el gimnasio, con nervios, con inseguridad. No estás muy seguro de haber tomado la mejor decisión. Te pones un kimono. Te atas el cinturón como buenamente puedes. No te gusta como queda. Decides desatarlo y volver a hacer el nudo. Al tercer o cuarto intento decides que, aunque sigue sin parecerse demasiado a los nudos de los compañeros, es lo más parecido que eres capaz de hacer. Y así llegas al tatami. Seguramente no entres saludando de la mejor forma al entrar. Seguramente te desaten el nudo del cinturón para, esta vez sí, atarlo correctamente. Seguramente no te pongas en el lugar que te corresponde para hacer el saludo inicial. Pero una vez se empieza a entrenar te gusta lo que se ve, lo que se hace. Ves que eres capaz de ir aprendiendo cosillas, poco a poco. Cuando el entrenamiento termina decides que volverás, al menos durante un tiempo, a aprender todo lo que puedas. Es entonces cuando te aseguran que si quieres mejorar en esto sólo hacen falta tres cosas: voluntad, esfuerzo y constancia.



Pues bien, este post no pretende (únicamente) describir el primer día de un practicante de artes marciales. También pretende desmentir esa frase que siempre se escucha. Siento mucho deciros que no llega con tener mucha voluntad, esforzarse al máximo, y ser muy constante. Eso solamente es lo que tú puedes hacer para intentar mejorar y ser un gran campeón. Pero para poder conseguirlo hace falta el trabajo de otras personas, que orienten todos nuestros esfuerzos hacia un buen camino. Otras personas que nos enseñen, nos hagan ver nuestros fallos, nos corrijan... y todo ello requiere de un esfuerzo tanto o más grande que el que hacemos nosotros entrenando. Es muy importante valorar todo ese trabajo como se merece, porque permite que el nuestro sirva para algo.

Hoy es el cumpleaños de una de esas personas, que dedica muchos esfuerzos en dirigir y hacer posibles los progresos de los demás. Un entrenador con mayúsculas, capaz de mandar a competir a una pareja de Dúo Kata, que sin tener ningún cinturón negro se van a enfrentar a parejas que suman cinco o seis danes, y que sean capaces de dar la cara y hacer un digno papel. Un entrenador capaz de convertir a un chico torpe y gordo, en un competidor que no tiene miedo de subirse a un tatami, sea quien sea el oponente. Muchas felicidades y gracias por tu trabajo, coach.