domingo, 24 de enero de 2010

Por qué me gusta el fútbol (capítulo primero)

Eres el presidente de un equipo de fútbol, y como cualquier empresario quieres generar la mayor cantidad de dinero que puedas con tu empresa. Para ello eliges la estrategia de comprar jugadores jóvenes, que a base de jugar en un equipo de Primera División ganen experiencia y mejoren lo suficiente como para poder revenderlos más adelante por mucho más dinero del que costaron. Con esa política fichas a muchas jóvenes promesas de las escuelas de fútbol de toda España, y mientras unos consiguen mejorar otros se quedan en el camino y no llegan a ninguna parte.



Pero un día, cuando llega un nuevo entrenador, un chaval que no tenía ninguna papeleta para salir adelante por tener carencias defensivas, empieza a mejorar, a explotar. Se vuelve más rápido, más fuerte, más habilidoso, y sobre todo, con menos carencias. En cuanto te das cuenta resulta que ese chaval se ha hecho un hueco en el equipo. Cuando pasa un poco más de tiempo se convierte en uno de los mejores del equipo, y cuando vuelve a pasar otro poco más se ha convertido en uno de los mejores de la liga en su puesto, y los equipos grandes que tienen grandes sumas de dinero empiezan a preguntarte cuánto quieres por dejarlo ir, para que siga su carrera en un equipo más importante que se enfrenta con los mejores del mundo; y que le permitirá ganar mucha más experiencia y mucho más dinero.

Pero no es fácil, nada fácil dejar marchar a la perla del equipo, que ha disputado todos los minutos de todos los partidos de liga, y que casi no se parece en nada al chaval que llegó. Pero por suerte el dinero que ofrecen los equipos grandes es menos que lo que pedimos y nuestra pequeña estrella se queda en nuestro equipo. Él sabe que ha perdido una oportunidad, pero está orgulloso de permanecer en la misma casa que le ha enseñado tantas cosas. Y en contra de lo que la gente podía pensar no se echa a perder, sino que sigue rindiendo a su mejor nivel, hasta llegar a la mismísima selección de Brasil a pesar de jugar en un equipo pequeño.

¿Pero cómo te sentirías si un día, tras haberse ganado el respeto de todo el mundo y demostrar todo lo que vale, tu pequeño crack se lesionara y se perdiera el resto de la temporada? Frustración es la palabra, pero no la frustración de un agente de bolsa que acaba de perder mucho dinero, sino la frustración que siente un padre cuando, tras haberle enseñado a su hijo a volar, ve cómo se le rompen las alas. Frustración de la que hace llorar.



El fútbol me gusta porque, aunque el 99% del tiempo parece estar completamente corrupto y sucio, hay momentos que me recuerdan todos los valores positivos que tiene. Nunca pensé que vería llorar a un entrenador y a un presidente por la lesión de un jugador, pero lo cierto es que es un jugador que se merece todo lo bueno que le vaya a pasar, y no se merece una lesión así. Un saludo a todos los lectores.



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miércoles, 20 de enero de 2010

El 2009 se ha ido




Sí, ya sé que ya no estamos a tiempo de hacer balance del año que ha terminado. Pero al principio por pereza y más tarde por obligaciones académicas no he podido hacerlo antes, y es algo que tenía pendiente.

La verdad es que ha sido un año muy largo, en el que me pasarón un montón de cosas buenas, y también un montón de cosas malas. Tuve momentos de estar en lo más alto de la montaña de la felicidad (hasta clavé allí una bandera que ponía "Frizork" y todo). Pero también tuve momentos en los que me encontraba hundido en lo más profundo de la miseria humana. Aprendí muchas cosas, viajé mucho y me llevé algún desengaño. Hice muchas cosas que siempre quise hacer, y alguna otra que espero no tener que volver a hacer nunca. He conocido el sabor dulce del éxito y también el amargo del fracaso.

Tras esto ya os habréis dado cuenta de que es un poco difícil decir si ha sido un año bueno o malo. Yo no podría decirlo. Pero lo que sí tengo completamente claro es que ha sido un año que ha merecido la pena vivir, y mi petición para el año que ya ha empezado es que también sea un año que merezca la pena vivir. Porque de nada sirve que te pasen cosas buenas si no te pasan también cosas malas que te hagan valorar las otras como se merecen. Un saludo a todos los lectores.